domingo, 11 de noviembre de 2012

Esta entrada NO trata sobre el amor...

Aunque parezca lo contrario, y a pesar de que en algunas de las noventa y cuatro entradas de este blog escribo sobre el amor, en realidad apenas he garabateado sobre él.

Apenas he esbozado nada sobre el verdadero… AMOR

Quizás sea porque se trata de una de las sensaciones más contradictorias que por mí haya bullido. Quizás sea porque me dé miedo. Quizás porque no lo he conocido en realidad, y en profundidad.

Y entonces, para mi cuasi frustración, intento definirlo con cada una de estas entradas del blog como algo real, condimentando esta intentona con mis propias vivencias que prueban hacer del AMOR algo existente, palpable,…

Otras veces, con una simple lectura, plagio los sentimientos de alguien que en algún momento creyó reconocerlo, de muchos que han vivido durante un tiempo esas sensaciones mágicas.

Pero con el tiempo me doy cuenta de que únicamente atisbo a conocer tan solo algunos retazos. También de que no puedo redescubrir lo que nadie ha descubierto en su totalidad todavía.

Y he llegado a una conclusión: apenas soy alguien para enfrentarme al poder del AMOR.

Tan grande es este poder que jamás he podido evitar que haya venido o que se haya ido cuando a él le ha dado la real gana, pues he amado y desamado sin apenas coherencia, y cuando era, o no, de mi conveniencia.

Muchas veces he tratado de impedir su entrada, o de retenerlo, cerrando a cal y canto todas las puertas y ventanas. Pero él siempre ha sido capaz de entrar o salir por cualquier resquicio.

Esta entrada SÍ versa sobre el AMOR, y sobre que no quiero perder la esperanza de volver a encontrarlo, para pedirle de rodillas que, si es benevolente, se quede a mi lado el tiempo necesario para considerar que mi vida no es una decepción.
Y poder creer entonces que estar viviendo ha merecido la pena.