jueves, 17 de febrero de 2011

¿Quién eres?

A menudo mis manos buscan a tientas dentro del cajón de los recuerdos esos sueños que, posiblemente, nunca alcanzaré, pero que atesoro con devoción pues ellos son los argumentos y las razones para saber quién soy, a donde voy, y quienes quiero que sean mis compañeros de viaje.

Nunca he tratado de esconder entre mis dedos, mis labios o mis ojos las palabras más sinceras, esas que a veces desgarran a quienes las escuchan y las oyen; aunque tampoco he escondido nunca las palabras pequeñas y transparentes, esas donde la verdad se esconde.

Frecuentemente comparto la soledad con mis fantasmas, pero jamás he estado solo pues yo siempre he estado conmigo.

En numerosas ocasiones he vuelto la vista atrás para ver mis pasos y contarlos, pero jamás he reescrito mis experiencias sobre mis huellas errantes, porque cada una de ellas ha forjado mi personalidad.

De vez en cuando han destrozado mis alas, pero siempre he terminado desplegándolas de nuevo a favor del viento, que me ha llevado al cielo que cada momento soñaba.

He fallado y errado en incontables ocasiones, pero nunca he aplaudido mi insensatez o mi ignorancia porque jamás he querido que aquellos a los que he amado, amo o amaré se vuelvan contra mí y me conviertan en una parte de su olvido.

Sé que si hubiera cerrado mis ojos a los errores que he cometido no habría aprendido nada valioso, ni tampoco hubiera sido capaz de trazar los mapas de los caminos que he recorrido.

Nunca he despreciado tener que transitar por lo nuevo y lo desconocido.

Las palabras de aliento que me han dedicado han sido siempre mis caminos, y las palabras desalentadoras mis razones para seguir.

Aún desesperado, la única verdad que se es la que dice que yo puedo llegar más allá de lo que otros opinan de mí, porque jamás existirá nadie que pueda decirme cuanto valgo, cuando mis ojos se abren cada amanecer dispuestos a encontrar nuevos caminos.