martes, 2 de octubre de 2012

Cerrado, por reformas en el interior...

En la vida hay un instante en que sé  perfectamente que ha llegado el momento de recomponer mi edificio interno, sobre todo cuando éste se ha removido desde los cimientos hasta el tejado; cuando comienzo a cuestionar mis conductas, mis pautas y mis principios básicos; cuando empiezo a cuestionármelo todo.

Y es ahora o nunca.
Ahora,…
… o nada será como antes,…
… o para que casi nada sea como antes.
Y mi momento es éste.

Me refugiaré en la soledad y en el silencio, en los únicos lugares donde no tengo que ser fuerte, optimista y feliz, donde no tengo que esforzarme en ser lo que los demás creen que debo ser.

Conviviré con mi Ángel de la Guarda,…
… que siempre me cuida,…
… que puntualmente es mi faro en las tormentas,…
… que oportunamente llena todos mis espacios de luz.

Coexistiré conmigo mismo, y seré consciente de que no puedo estar perdido si sé…
… quién soy; a dónde voy; y con quién, o con quién no, voy a ir a alguna parte,…
… que la vida está llena de lecciones valiosas, y que no todas ellas son agradables,…
… que el sol sigue a la luna y va creando un día tras otro,…
… que el tiempo pasa, el mundo gira, y yo giro con él.

 No mendigaré que me concedan tiempo, que me presten atención, que me regalen unas migajas de cariño y que me dediquen  un “Te quiero”; a quién quizás no quiera conceder, prestar, regalar  y dedicar.

 Y al final, aunque seré conocedor de que no puedo volver a ningún principio, afortunadamente seré consciente de que puedo empezar de nuevo.

 Y empezar de nuevo supondrá…
… abrirme paso a través del miedo,…
… avanzar siempre, creyendo que puedo ganar,…
… asumir los riesgos de ganarlo todo,… o perderlo todo,…
… lanzarme sin temer las consecuencias,…
... no dejar que mis sueños se desvanezcan sin intentar realizarlos,…
… no permitir que mis deseos se pierdan sin materializarse,…
… hacer finita la distancia que separa mi alma y mi corazón de otras almas y otros corazones.