lunes, 4 de enero de 2010

A veces lucho...

A veces lucho y no se siquiera contra qué o por qué,… simplemente lucho por salir de ese hueco oscuro y húmedo que hace tiritar mi corazón.
Lucho contra los demonios que quieren arrastrarme al infierno cada hora, cada minuto y cada segundo de cada nuevo día.
Lucho contra esos malos espíritus que quieren que me olvide de mi verdadero objetivo: querer hacer en cada momento lo que realmente quiero hacer.
Lucho porque quiero despertar de la horrible pesadilla que estoy soñando, viviendo y padeciendo.
Lucho porque todo sea como sueño.

Cada mañana me levanto planteándome que no voy a dejar que las lágrimas empañen ese día que de nuevo nace, y me esfuerzo por sonreír cuando he de ir recogiendo los pedazos de mi alma y de mi corazón del suelo.
Me mezclo entre las personas que me rodean, regalándoles sonrisas, brindándoles el apoyo de mi hombro sin mostrar mis verdaderas flaquezas, como si el optimismo nunca fallara en mí.
Intento ofrecerles la visión de que en la vida, por muy dura que sea, también existen lugares donde la felicidad queda al alcance de la mano, donde los sueños se realizan.
Intento hacerles comprender que jamás hay que perder la esperanza.

Pero cuando la noche apaga los colores del día, me doy cuenta…
… de que a mi casi nadie me ha regalado sonrisas;…
… de que a mi casi nadie me ha brindado el apoyo de su hombro;…
… de que los lugares de mi vida donde la felicidad queda al alcance de la mano y donde los sueños se realizan quedan tan lejos como la estrella más lejana,…
… de que tal vez esté luchando por una utopía,…
… de que quizás yo si he de perder la esperanza de encontrar a esa persona cuyas “cerraduras” coinciden con mis “llaves” y cuyas “llaves” coinciden con mis “cerraduras”.

Algunas noches me acuesto mojando la almohada,…
… con el corazón vacío,…
… con el saco de los sueños sin contenido,…
… doliéndome todo por dentro.

Y al día siguiente continúo luchando, empeñándome en salir adelante;…
… porque en el fondo sé que si no lo intento nunca lo podré lograr,…
… porque soy consciente de que más vale un intento aunque sea vano y en parte un fracaso, que no intentarlo siquiera.